La reintegración del Caos

Daniel Odier

Extracto del libro: La práctica de la conciencia: 19 Meditaciones Para La Felicidad Profunda

El miedo en el que vive la sociedad actual nos ha llevado a olvidar el caos y a verlo solo como desorden y catástrofe. Volvamos por un momento a la mitología griega, ella nos ayudará a ver la creatividad del caos y a reintegrarlo en nuestras vidas.

El caos existía antes que nada, una especie de magma flotante e indiferenciado lleno de energías suspendidas. Entonces surgieron Gaia, la tierra, Eros, el amor, Nyx, la noche, Érebo, las tinieblas. En un primer impulso amoroso, Nyx y Érebo se unen y dan origen al día y a la luz. Luego aparecieron el odio y el amor, como para presagiar el retorno al caos.

Percibir el caos como energía basta para disminuir el temor que nos inspiran todos los estados caóticos y eliminar nuestras estrategias para evitarlos. Los períodos de caos son maravillosamente creativos. Son el fin de un universo falsamente ordenado y el surgimiento de una fuerza nueva y creativa. Si nos atrevemos a no huir ante el caos, a no cerrar los ojos, tenemos la impresión de flotar en un océano de energía vibrante. El cuerpo absorbe esta energía, la mente se nutre de ella y pasa por una fase de desintoxicación, un vacío reparador del que brotan las semillas de la creatividad. Es el fin de un orden, el comienzo de la renovación.

Hay en la armonía una especie de calma soporífera. El mero deseo de permanecer en ella y ahí establecerse es la expresión más simple del miedo. Romper la burbuja de la armonía para penetrar en el caos en el cual la armonía parece que flota, es el comienzo de una gran aventura. El encuentro con lo incierto que estimula tanto nuestra mente y nuestro cuerpo paralizados por la costumbre.

Hay algo sospechoso en la adoración de la armonía. Me gustaría imaginar un altar en el que se sustituyera la estatuilla de Buda por una concreción de César que represente el caos y al que, cada mañana, ofreceríamos nuestro abandono en una meditación sobre la belleza del caos que hay en nosotros y sus infinitas posibilidades. No son las situaciones las que son caóticas, sino nuestra reactividad ante ellas.

Aceptar el caos, flotar en él como en un océano benéfico, es un estado de alegría en el que el miedo ha desaparecido. Nos sentiremos estimulados, impulsados a dejar que las cosas surjan, dejando de querer controlarlo todo. El control proviene directamente del miedo a estar plenamente vivos. No hay alegría auténtica sin atravesar el caos.

Traducción de Barreda Marta

 

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